Y ahora me siento libre, encerrada en un cuarto en una mente que intento abrir. Libre para preocuparme por algo más que mí misma, y por mí. Indefinidamente libre. Respirando humo que es veneno a largo plazo, inspirando vida infinita y débil. Sintiendo la soledad buscada entre los pensamientos que flotan. Ya no se puede desconectar, el sabor del humo se desliza entre la música, y se acompañan inevitablemente. El alma pide una oportunidad para surgir de la nada. Una nada donde todo está por existir, donde existe la mayor probabilidad de que todo sea.
Es como si tuviera todo el vacío dentro, todas las posibilidades por existir, películas inacabadas, cosas a medias. Todo por venir. Todo fuera. La inexistencia absoluta, libertad sin límites y sin certezas.
Las contradicciones se chocan buscando armonía. Se entrelazan en discursos vacíos. O llenos. La búsqueda no ha hecho nada más que comenzar.
Soy una mera repetición de algo que ha existido antes. Algo que ha sido muchas veces antes que yo. Muchas repeticiones de lo mismo. Una misma canción tocada tantas veces que nunca suena igual.
Y ¿qué eres tú?
Tú eres otro yo diferente.
Espirales trepando por otro cuerpo.