Y me comporto de forma extraña, normal. Intento crear en ti una imagen mía. Pero no soy buena, tal vez dulce, pero fría y distante. Dentro de mi cáscara encuentro la paz prefabricada, respiro aire contaminado y gratificante, busco miradas bajo otras cáscaras. Presa de mi propia normalidad, cálculo la fórmula perfecta para que no duela. Para que no salirme de las estadísticas, para que no lo veas.
Y en un sueño comprendí que no me gustaba, que no tenía sentido nada más allá del sueño. La vida dolía, y el dolor se podía neutralizar. Se podía llegar a confundir. A veces parecía que pensar era inevitablemente llegar a una conclusión triste. Ahora sé que no. Estar triste está más allá del acto de pensar.